Acompañar a un hijo o hija neurodivergente implica recorrer un camino lleno de aprendizajes, desafíos y también de profundas oportunidades para crecer como familia. Sin embargo, este proceso suele estar acompañado de dudas, temores e incertidumbres respecto a cómo brindar los apoyos más adecuados para favorecer su bienestar, desarrollo y participación.
Uno de los aspectos más importantes es comprender que la neurodivergencia no es una enfermedad ni una medida de capacidad. Se trata de reconocer que existen diversas formas de percibir el mundo, aprender, comunicarse y relacionarse con los demás. Cuando entendemos esta diversidad, dejamos de centrarnos en las diferencias y comenzamos a enfocarnos en las fortalezas y necesidades particulares de cada niño, niña o adolescente.
En este contexto, las experiencias sensoriales y emocionales cumplen un papel fundamental. Muchos jóvenes neurodivergentes pueden experimentar sobrecargas sensoriales o emocionales frente a estímulos cotidianos, tanto el hogar como espacios comunitarios pueden ser abrumadores e incluso amenazantes. Por ello, establecer rutinas predecibles, anticipar cambios, utilizar apoyos visuales y ayudar a reconocer y expresar emociones son herramientas que permiten generar mayor seguridad, comunicación con otros, y su entorno y bienestar. Del mismo modo, frente a momentos de crisis, es esencial que los adultos mantengan la calma, reduzcan los estímulos del entorno y ofreciendo un apoyo cercano y sensible a las necesidades y singularidades de cada niño, niña y joven, evitando respuestas punitivas y confrontacionales.
Para favorecer la inclusión y un acompañamiento que cuide a quienes cuidan es fundamental reconocer la responsabilidad de la sociedad y el estado. Las familias suelen enfrentar desafíos, económicos, organizativos, de gestión y emocionales, que no pueden solo abordarse en un ámbito privado, es decir no puede ser de su exclusiva responsabilidad. Por lo tanto, garantizar apoyos oportunos y promover la participación en organizaciones comunitarias son indispensables para resguardar el bienestar de toda la familia. Acompañar a un hijo neurodivergente no significa contar con todas las respuestas, y hacerlo todo bien, lo importante es construir una red que sostenga cuando las fuerzas escasean y sentir el apoyo constante de la sociedad y las instituciones para enfrentar de mejor manera cualquier obstáculo que pudiera presentarse en el día a día.
Paulina Lara - Académica Terapia Ocupacional, U. Andrés Bello, sede Concepción
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