El Día de la Madre no nació como una celebración vacía ni como un simple homenaje a la maternidad. Su origen es profundamente político: una expresión de sororidad y organización entre mujeres que entendieron el cuidado como una forma de sostener la vida frente a la violencia.
En plena Guerra Civil estadounidense, Ann Maria Reeves Jarvis impulsó en Virginia Occidental espacios comunitarios donde madres se reunían para apoyarse, cuidar a los heridos y exigir mejores condiciones de salud. Allí, el cuidado fue también una forma de resistencia.
Años más tarde, en 1868, esas experiencias dieron lugar al llamado “Día de la Amistad de las Madres”, un intento por recomponer vínculos entre comunidades enfrentadas por la guerra.
En 1870, Julia Ward Howe profundizó ese espíritu con su histórica proclamación: un llamado a las mujeres del mundo a levantarse contra la guerra y a defender la vida. Su propuesta buscaba algo radical para su tiempo y aún hoy: que las madres se organizaran internacionalmente por la paz.
Recordar el origen
Con el tiempo, ese impulso colectivo fue desplazado por una versión comercial que desdibujó su sentido original. Sin embargo, su raíz sigue ahí: una historia de mujeres que se organizaron frente a la injusticia, la violencia y la desigualdad.
Recordar ese origen es también un gesto político: reconocer a quienes lucharon por condiciones dignas de vida y por una ética del cuidado centrada en el respeto, la justicia y la dignidad de todas y todos.
FUENTE DE TEXTO E IMAGEN: lom.cl
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