Desiderio Millanao no hace llegar una reflexión a propósito de la conmemoración del We Tripantu, pero procura ir más allá de una mirada exclusivamente cultural, proponiendo una reflexión sobre la identidad, el aprendizaje y la capacidad de los pueblos para renovarse y proyectarse hacia el futuro sin perder aquello que les da sentido.
Esta columna forma parte de una línea de trabajo que Desiderio ha venido desarrollando en torno al ethos mapuche y sus posibles aportes a la construcción de un futuro compartido. Su propósito es contribuir, desde una perspectiva propositiva, al diálogo público sobre temas de interés regional y nacional.
LA COLUMNA:
WE TRIPANTU: CUANDO RENOVAR SIGNIFICA APRENDER
La identidad no consiste en conservar el pasado, sino en aprender, renovarse y proyectarse sin perder el sentido de quiénes somos.
El regreso de la luz
En estos días se conmemora el We Tripantu, período que el conocimiento tradicional mapuche sitúa entre el 20 y el 24 de junio, coincidiendo con el retorno gradual de la luz tras la noche más larga del año. Hoy sabemos, mediante instrumentos y cálculos astronómicos, que el solsticio de invierno ocurre el 21 de junio. Sin embargo, ese conocimiento no invalida la observación ancestral; por el contrario, confirma que distintas formas de conocer pueden encontrarse cuando ambas nacen de la atenta observación de la naturaleza.
Un fenómeno que nos pertenece a todos
El We Tripantu no pertenece exclusivamente al pueblo mapuche. El solsticio de invierno es un fenómeno que alcanza a todos quienes habitamos el hemisferio sur. La singularidad del mundo mapuche radica en haber reconocido en este acontecimiento un momento para detenerse, observar los ciclos de la vida, evaluar el camino recorrido y preparar el que viene.
Aprender de los ciclos de la naturaleza
Con frecuencia, el We Tripantu es presentado únicamente como una celebración cultural. Sin embargo, su sentido es más profundo. Nos recuerda que la naturaleza no permanece inmóvil: se transforma continuamente. Y esa misma enseñanza alcanza también a las personas y a las sociedades.
El ethos de la renovación
Quizás uno de los aportes menos explorados del pensamiento mapuche sea precisamente éste: comprender que la permanencia no consiste en resistirse al cambio, sino en desarrollar la capacidad de aprender de él. Un pueblo permanece vigente no porque conserve intactas todas sus formas del pasado, sino porque sabe incorporar nuevos conocimientos, responder a nuevos desafíos y proyectarse hacia el futuro sin perder aquello que le otorga sentido e identidad.
Ese es, a mi juicio, uno de los rasgos fundamentales del ethos mapuche: una disposición histórica para aprender, adaptarse e innovar sin renunciar a los principios que organizan su relación con las personas, el territorio y la naturaleza. La identidad deja entonces de ser una fotografía del pasado para convertirse en una capacidad permanente de renovación.
Un desafío para nuestro tiempo
En tiempos donde los cambios tecnológicos, ambientales y sociales ocurren con una rapidez inédita, esta reflexión adquiere una vigencia especial. La pregunta ya no es únicamente cómo conservar nuestras raíces, sino cómo fortalecer las capacidades que permitan a las nuevas generaciones seguir construyendo futuro desde ellas.
Renovarse para construir futuro
El We Tripantu nos recuerda que cada nuevo ciclo ofrece una oportunidad para renovar aprendizajes, fortalecer nuestras capacidades y asumir responsablemente los desafíos del tiempo que nos corresponde vivir. Así como la naturaleza renace sin dejar de ser ella misma, también los pueblos encuentran su continuidad cuando son capaces de renovarse sin perder el sentido de quiénes son.
Tal vez ese sea uno de los mayores aportes que el pueblo mapuche puede ofrecer hoy a la sociedad chilena: entender que identidad y futuro no son caminos opuestos, sino dos dimensiones inseparables de un mismo proceso de aprendizaje colectivo.
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