Conocí personalmente a Camilo Escalona durante un almuerzo en el Club Social de Cañete, cuando iniciaba su primera candidatura a diputado por Lota y la Provincia de Arauco. Quería comprender el sector forestal, su aporte a la economía y sus efectos en las comunidades y el desarrollo del territorio.
También conversamos sobre el mundo mapuche. Me sorprendió su conocimiento de las dinámicas sociales de las comunidades y, especialmente, su interés genuino por comprender la realidad de Arauco más allá de las cifras, los discursos y las consignas políticas.
Aunque mi pensamiento político distaba del suyo, coincidíamos en una constatación dolorosa: Arauco había sido históricamente tratado como el patio trasero de la Región del Biobío y de Chile. Camilo sostenía que, por representar una proporción pequeña de la población nacional, un gobierno con verdadera voluntad política podía impulsar un plan integral capaz de transformar una de las zonas más postergadas del país.
Han pasado los años y, lamentablemente, aquella reflexión mantiene plena vigencia. Gobiernos de distintos colores han anunciado planes, programas e iniciativas con nombres rimbombantes; sin embargo, Lota y las comunas de la provincia de Arauco continúan enfrentando el estancamiento social y económico que conocemos. La deuda del Estado con este territorio permanece.
Con la partida de Camilo se va apagando una generación de políticos con posiciones claras, austeridad y consecuencia entre lo que pensaban, defendían y hacían. No compartía plenamente sus ideas ni su visión político-partidista, pero valoro profundamente su consecuencia, vocación pública y compromiso con aquello en lo que creía. Fue un hombre que siempre luchó con sentido de Estado y un profundo compromiso con la democracia de Chile.
Aún quedan políticos consecuentes, de distintos colores y partidos. Ojalá quienes comienzan su vida pública aprendan de esa generación: que no orienten sus decisiones únicamente según las encuestas, las tendencias o las redes sociales, sino desde sus convicciones, la coherencia de sus actos y la búsqueda permanente del bien común.
Descansa en paz, Camilo. Mis condolencias a su familia y compañeros de partido.
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